El pasado 2 de agosto, el Centro de Visitantes de las Cuevas Fortaleza Medievales de Tía Micaela, en Cortes, municipio de Cortes y Graena, acogió un emotivo acto de reconocimiento a la trayectoria de Maryelle Bertrand. La jornada reunió a representantes institucionales, personas que conocieron y trabajaron junto a la investigadora y profesionales que continúan encontrando inspiración en una figura esencial para el estudio y la protección del patrimonio troglodítico de las comarcas de Guadix y Baza.

El homenaje contó con la presencia de Fabiola Romero Hernández, alcaldesa de Cortes y Graena, quien acompañó institucionalmente un acto profundamente vinculado con la historia, el paisaje y el patrimonio del municipio. Su participación puso de manifiesto la importancia de mantener viva la memoria de quienes dedicaron su trabajo a investigar, conservar y divulgar la riqueza cultural del territorio.

La jornada tuvo como momento central la entrega y presentación de un código NaviLens dedicado a Maryelle Bertrand. Esta iniciativa permite incorporar su nombre y su legado al propio espacio que ayudó a investigar y poner en valor, haciendo que su trayectoria permanezca ligada a las Cuevas Fortaleza Medievales de Tía Micaela.

El programa se completó con una visita guiada por el yacimiento y un encuentro final en el que las personas asistentes pudieron compartir recuerdos, experiencias y reflexiones sobre la homenajeada. El acto se desarrolló, por tanto, en un lugar especialmente significativo para comprender el alcance de sus investigaciones y su relación con el patrimonio troglodítico de la comarca.

Una pionera en el estudio del hábitat troglodítico

Maryelle Bertrand, conocida cariñosamente en la zona como «la francesa», fue una mujer multidisciplinar: arquitecta, arqueóloga, investigadora y una persona dotada de una gran sensibilidad artística. Quienes la conocieron destacan su rigor, su honestidad intelectual, su escepticismo, su espíritu libre y su carácter pionero en el estudio del hábitat troglodítico.

Su carrera científica atravesó distintas etapas. Durante cerca de veinte años colaboró con la Casa de Velázquez y estuvo vinculada al Centre National de la Recherche Scientifique de Francia. También participó en proyectos de arqueología medieval promovidos por la Junta de Andalucía, el Ministerio de Asuntos Exteriores y la Universidad de Huelva, además de colaborar con la Universidad de Granada en excavaciones relacionadas con el hábitat fortificado de El Castillejo de Los Guájares.

Con el paso del tiempo desarrolló una trayectoria cada vez más independiente, desde la que pudo plantear nuevas preguntas y ampliar las fronteras de su campo de estudio. Maryelle comprendió muy pronto que el trogloditismo andaluz no podía analizarse de manera aislada, sino como parte de una realidad histórica, social, económica y paisajística mucho más amplia.

Relacionó los hábitats excavados de Andalucía con otros ejemplos del Mediterráneo y el Magreb, con el poblamiento medieval y con la transición entre la Antigüedad tardía y la primera época islámica. También los conectó con las estructuras hidráulicas, como acequias y tajeas; con la explotación de los recursos naturales; con las actividades mineras y metalúrgicas; con el pastoreo, la deforestación y el estudio de la cultura material.

Esta perspectiva integradora le permitió profundizar en la evolución de los asentamientos, las formas de urbanismo y las transformaciones del paisaje, anticipando cuestiones que continúan teniendo una enorme actualidad.

Una metodología abierta a distintas formas de conocimiento

El método de Maryelle Bertrand fue tan multidisciplinar como su propia formación. Combinaba la excavación arqueológica tradicional con el estudio de fuentes orales, libros de apeos y repartimientos, actas notariales y materiales cerámicos.

También prestaba atención a los conocimientos de agricultores, campesinos y maestros picadores, reconociendo el valor de unos saberes tradicionales que con frecuencia habían quedado fuera de los estudios académicos. Su formación como arquitecta le permitía analizar con especial precisión los espacios construidos, elaborar planos y utilizar la fotografía y el dibujo a mano alzada como herramientas fundamentales de investigación.

Desde su independencia intelectual, Maryelle intervino además en importantes debates científicos y académicos. Participó en las discusiones desarrolladas durante la década de 1980 en torno a las reglas de la denominada Nueva Arqueología y, posteriormente, en los debates sobre la definición histórica de al-Ándalus.

Recuerdos, intervenciones y una memoria compartida

A lo largo del acto, distintas intervenciones permitieron reconstruir tanto la dimensión científica como la faceta más humana de Maryelle Bertrand.

Goyo Garrido habló sobre la manera en que la figura y el trabajo de Maryelle continúan inspirando su propia labor. Su intervención demostró que el legado de la investigadora no pertenece únicamente al pasado, sino que sigue presente en las nuevas formas de aproximarse al territorio, al paisaje y al patrimonio.

Maribel Díez, presidenta de la Asociación Matria, fue la encargada de profundizar en la importancia de la trayectoria de Maryelle Bertrand. En sus palabras destacó su condición de pionera, su capacidad para trabajar desde diferentes disciplinas y su determinación para abrir nuevas vías de investigación sin acomodarse en los resultados ya alcanzados.

Marta Pedraza intervino para explicar el trabajo que desarrolla la Asociación Matria y su compromiso con la recuperación de la memoria de las mujeres. La entrega del código NaviLens dedicado a Maryelle Bertrand forma parte de esa labor de reconocimiento y reparación: rescatar trayectorias fundamentales, visibilizar la contribución de las mujeres al conocimiento y conseguir que sus nombres ocupen el lugar que les corresponde tanto en la historia como en los espacios públicos.

Por su parte, la artista y escultora Mariángeles Lázaro Guil aportó una visión especialmente cercana de la homenajeada. A través de diferentes anécdotas de los años en los que trabajó junto a ella, permitió conocer no solo a la investigadora rigurosa y exigente, sino también a una mujer inquieta, divertida, generosa y profundamente comprometida con sus proyectos.

Un legado vinculado al territorio

Maryelle Bertrand también impulsó, junto a su compañero José Ramón Sánchez Viciana, diferentes proyectos relacionados con la protección y la divulgación del patrimonio. Entre ellos se encuentran la creación de la Asociación Azufaifo, las actuaciones vinculadas a los Baños Árabes de Baza y las iniciativas dedicadas al patrimonio troglodítico de las comarcas de Baza y Guadix.

Entre 2004 y 2006 participó, además, en un proyecto desarrollado junto al Grupo de Desarrollo Rural para estudiar y difundir este patrimonio desde una perspectiva multidisciplinar. En ese contexto se organizaron jornadas internacionales dedicadas a la historia, la arquitectura y el paisaje.

Tras las intervenciones, las personas asistentes realizaron una visita a las Cuevas Fortaleza Medievales de Tía Micaela. Recorrer el yacimiento después de escuchar los testimonios sobre Maryelle permitió comprender mejor la importancia de una mirada capaz de relacionar la arqueología, la arquitectura, la memoria oral, el paisaje y las formas tradicionales de vida.

La entrega del código NaviLens fue mucho más que la incorporación de un nuevo recurso informativo. Se convirtió en un acto de memoria, reconocimiento y justicia. Una forma de recordar que el patrimonio no está compuesto únicamente por cuevas, yacimientos, construcciones o documentos, sino también por las personas que dedicaron su vida a investigarlo, defenderlo y enseñarnos a observarlo desde nuevas perspectivas.

Desde la Asociación Matria agradecemos la participación de Fabiola, alcaldesa de Cortes y Graena, así como la implicación de todas las personas que hicieron posible este encuentro y de quienes compartieron sus conocimientos, recuerdos y experiencias.

Mantener viva la memoria de Maryelle Bertrand significa continuar abriendo los nuevos horizontes que ella, con su curiosidad, su valentía, su rigor y su independencia intelectual, ayudó a descubrir.

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